Menos herramientas para el Banco Central. La reforma limita su mandato a preservar el valor de la moneda y reduce su capacidad de intervenir sobre tasas de interés y crédito, justamente cuando Argentina enfrenta una creciente fragilidad financiera.
Blindaje de las autoridades. Exigir dos tercios de ambas cámaras para remover a las autoridades del BCRA dificulta que un gobierno elegido democráticamente pueda modificar su conducción, condicionando la alternancia de políticas económicas.
“Emisión cero” con límites. La prohibición de financiar directamente al Tesoro no impide mecanismos indirectos de asistencia y, al eliminar excepciones para situaciones de emergencia, deja al Estado con menos herramientas frente a futuros shocks económicos.
Las reservas quedan expuestas. La posibilidad de utilizarlas como garantía de operaciones financieras con acreedores externos introduce un riesgo sistémico, ya que las reservas también respaldan al sistema bancario y los depósitos en dólares.
Una reforma que trasciende lo técnico. La experiencia de los últimos años muestra que la “emisión cero” no fue tal y que quitar herramientas al BCRA puede generar fuertes movimientos de liquidez y tasas ante restricciones externas. En conjunto, la reforma busca fijar un modelo económico más allá de los cambios de gobierno y profundizar la dependencia financiera externa.

