Los depósitos en dólares del sector privado continúan creciendo y ya alcanzan los USD 40.000 millones, lo que contribuyó a la acumulación de reservas brutas a través de los encajes bancarios desde octubre de 2025. En este contexto, el gobierno evalúa flexibilizar los préstamos en dólares —actualmente restringidos desde 2002 solo a empresas que generan divisas— con el objetivo de ampliar el crédito y fortalecer el nivel de reservas.
La particularidad de estos préstamos es que, aunque se pactan nominalmente en dólares, el desembolso se realiza por el equivalente en pesos en la cuenta del deudor. Como los bancos deben financiar esos préstamos con sus tenencias en dólares, deben canjear esos dólares por pesos al Banco Central, al momento de acreditar los préstamos. Así, las reservas del Banco Central crecen cuando se expanden los créditos bancarios en dólares.
La expansión de depósitos y créditos en dólares puede generar un circuito de “argen-dólares”, donde los depósitos en moneda extranjera se expanden sin respaldo real en reservas. En un contexto donde (por el bajo nivel actual de RRII) el BCRA no puede actuar plenamente como prestamista de última instancia en esa moneda ya que se incrementa el riesgo de no poder responder a un retiro de depósitos.
El riesgo de que las corridas cambiarias se contagien al sistema bancario aparece si el crédito en dólares se expande hacia familias y empresas que no generan divisas, ya que, en caso de una devaluación, se incrementaría fuertemente el peso de las deudas en dólares de agentes con ingresos en pesos, generando un vínculo directo entre tensiones en el frente externo y la estabilidad del sistema bancario. Esto ocurre además en un contexto de morosidad creciente del crédito en pesos (cerca del 10% en hogares y 2,5% en empresas).
A lo anterior se suma que el tipo de cambio real se encuentra en niveles históricamente apreciados (más de 10% por debajo del promedio de los últimos diez años) y la cuenta corriente presenta déficits persistentes, lo que vuelve plausible una futura corrección cambiaria. En un contexto internacional crecientemente volátil, avanzar hacia una argen-dolarización del crédito implica asumir riesgos macrofinancieros poco recomendables.

