A pesar de los intentos del Gobierno por maquillar los datos, la evidencia muestra que desde el inicio de la gestión se perdieron 271.000 empleos registrados y 22.600 empresas cerraron.
La actividad presenta fuertes contrastes: crecen los sectores exportadores como agro (+17%) e hidrocarburos (+16%), mientras caen los orientados al mercado interno como construcción (-15%) e industria (-9%).
Ministros del oficialismo hablan de un crecimiento del 10% del PBI durante la gestión de Milei, pero al realizar una comparación metodológicamente más robusta, la economía muestra un aumento de apenas 1,8%.
La informalidad crece, hoy alcanza el 43%, y la desocupación llegó al 7,5% en el último trimestre, el nivel más alto para un cuarto trimestre desde la pandemia.
La caída del entramado productivo es generalizada para todos los tamaños, pero golpea con más fuerza a las microempresas (1 a 5 empleados), que representan cerca del 70% del total.
En consonancia con la caída de su actividad, Industria y Construcción concentran gran parte del deterioro laboral, con 121.000 empleos perdidos desde el inicio del gobierno.
La caída del empleo no se explica solo por el monotributo social como se plantea desde el oficialismo: aunque este segmento cayó en 381.000 personas, fue compensado parcialmente por un aumento de 170.000 monotributistas y autónomos. El sector privado formal y el estatal también muestran reducciones de 201.000 y 70.000 empleos respectivamente.
Al analizar los ingresos la situación también es preocupante, solo los trabajadores informales muestran una mejora del 28%, aunque ese dato parece reflejar efectos estadísticos por particularidades en su medición y no una mejora real. Mientras tanto, jubilados (-18%), empleados públicos (-9%) y privados (-2%) vieron disminuido fuertemente su poder adquisitivo.

